6 DE OCTUBRE, DÍA MUNDIAL DE LAS PERSONAS ALTAMENTE SENSIBLES

Alta sensibilidad: ni fragilidad ni capricho, los mitos que todavía rodean a un rasgo presente en al menos 1 de cada 5 personas ¿Ser altamente sensible es ser frágil, introvertido o tener un trastorno? ¿En los niños es capricho o falta de límites? ¿Necesitan “curtirse” para desenvolverse mejor?

El Día Mundial de las Personas Altamente Sensibles (PAS) es una oportunidad para visibilizar un rasgo temperamental innato que atraviesa tanto a adultos como a niños y derribar algunos de los mitos más frecuentes que todavía existen alrededor de la alta sensibilidad.

“Sos demasiado sensible”, “todo te afecta”, “es un capricho”, “le faltan límites”, “necesita curtirse”. Son algunas de las ideas que todavía aparecen cuando se habla de alta sensibilidad, un rasgo que muchas veces se confunde con fragilidad, introversión o un trastorno y que, en el caso de los niños, puede quedar detrás de etiquetas como “intensos”, “tímidos”, “difíciles” o “demasiado”.

Cada 6 de octubre se conmemora el Día Mundial de las Personas Altamente Sensibles (PAS), una oportunidad para poner el tema sobre la mesa y ayudar a comprender un rasgo presente, en su nivel más alto, en al menos 1 de cada 5 personas.

La sensibilidad no es algo que se tiene o no se tiene, sino un espectro: todas las personas tenemos distintos niveles de sensibilidad al contexto y algunas presentan niveles particularmente altos.

Se trata de un rasgo temperamental innato, estudiado desde los años 90 por la psicóloga investigadora estadounidense Dra. Elaine Aron, que se conoce como Sensibilidad de Procesamiento Sensorial (SPS). A quienes lo presentan en su nivel más alto se los llama Personas Altamente Sensibles (PAS).

“La sensibilidad no es debilidad. Es una brújula afiladísima cuando aprendemos a interpretarla”, explica Sigrid Dziwak, psicóloga y especialista en Personas Altamente Sensibles.

MITO 1: LA ALTA SENSIBILIDAD ES FRAGILIDAD

Ser altamente sensible no es sinónimo de debilidad.

La Sensibilidad de Procesamiento Sensorial se caracteriza por una mayor profundidad de procesamiento, mayor reactividad emocional, mayor registro de sutilezas y mayor tendencia a la sobreestimulación.

Las personas altamente sensibles procesan y reflexionan sobre lo que viven de forma más profunda, sienten con mayor intensidad tanto sus propias emociones como las ajenas, perciben matices —un tono de voz, un gesto o un cambio en el contexto— que otros pueden no registrar y pueden saturarse más rápido frente al ruido, la luz, las multitudes o el exceso de estímulos.

Una persona puede ser altamente sensible y fuerte. La sensibilidad no invalida la fortaleza: ambas pueden convivir.

MITO 2: ALTA SENSIBILIDAD ES INTROVERSIÓN O UN TRASTORNO

Alta sensibilidad e introversión no son lo mismo. De hecho, se sabe que aproximadamente un 30% de las Personas Altamente Sensibles son extravertidas.

La alta sensibilidad tampoco es un trastorno ni un diagnóstico: es un rasgo temperamental y puede coexistir —o no— con otros rasgos, dificultades o diagnósticos.

MITO 3: EN LOS NIÑOS, TODO ES CAPRICHO O FALTA DE LÍMITES

En los niños altamente sensibles, la mayor tendencia a la sobreestimulación, la reactividad emocional y el registro de sutilezas pueden quedar detrás de etiquetas como “intensos”, “tímidos”, “difíciles” o “demasiado”.

Comprender el rasgo no significa justificar todo ni eliminar los límites. Una conducta puede estar atravesada por sobreestimulación, transiciones difíciles o una emoción intensa. Entender qué hay detrás permite intervenir mejor: la emoción puede ser válida y el límite seguir existiendo.

En la crianza de niños altamente sensibles son centrales la co-regulación, la anticipación, el acompañamiento en las transiciones y la autorregulación del adulto.

“No cambiamos al niño. Transformamos el contexto”, señala Dziwak.

MITO 4: NECESITAN “CURTIRSE” PARA DESENVOLVERSE MEJOR

Exponer deliberadamente a una persona a aquello que la sobrepasa no modifica el rasgo. La fortaleza se construye con comprensión, recursos, apoyos y exposición progresiva, no negando o ridiculizando la sensibilidad.

En los adultos, “curtirse” muchas veces adopta la forma de minimizar lo que sienten o exigirles que se adapten sin recursos a contextos que los sobreestimulan.

Las investigaciones desarrolladas por Michael Pluess y Jay Belsky muestran otra dimensión de la sensibilidad: las personas más sensibles pueden verse más afectadas por contextos adversos, pero también beneficiarse especialmente de contextos positivos.

Es lo que se conoce como susceptibilidad diferencial: las personas difieren en cuánto se benefician de experiencias positivas —como una buena crianza, vínculos de apoyo o intervenciones psicológicas—, del mismo modo que difieren en cuánto las afectan las negativas.

En el caso de los niños, cuando crecen en un contexto que los comprende, no solo no sufren más: se destacan. No a pesar de su sensibilidad, sino gracias a ella.

“Lo que hacemos en la infancia y la adolescencia puede modificar trayectorias de salud mental. Eso es prevención. Y en personas más sensibles al contexto, esa mirada cobra todavía más relevancia”, agrega Dziwak.

COMPRENDER EL RASGO PARA TRANSFORMAR EL CONTEXTO

Visibilizar la alta sensibilidad permite comprender mejor un rasgo que atraviesa tanto a adultos como a niños, como a masculinos y femeninos por igual, como a más de cien especies animales.

En los adultos, conocerlo puede ayudar a comprender su mayor profundidad de procesamiento, reactividad emocional, registro de sutilezas y tendencia a la sobreestimulación.

En los niños, permite acompañar esas mismas características desde la regulación adulta, la anticipación, las transiciones, la estructura, la conexión y los límites.

La mirada que propone Dziwak parte de una idea central: comprender el rasgo permite transformar el contexto, no intentar cambiar a la persona; para que, de esta manera, pueda acceder a sus dones y sentirse fuerte además de sensible.

En este Día Mundial de las Personas Altamente Sensibles, poner en discusión mitos como la fragilidad, la introversión, el trastorno, el capricho, la falta de límites o la necesidad de “curtirse” es también una forma de seguir dando visibilidad a la alta sensibilidad y comprender mejor qué significa ser PAS.

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